Las tribus y el territorio de la Ciencia Política
Por Jorge Daniel Paredes el 10/09/2010, en Taller de Integración
La Ciencia Política sin horizonte preciso
La Ciencias Política es una ciencia multidiciplinaria, es decir, toma conocimientos de otras ciencias. Es para destacar el hecho de que, no posee un consejo profesional que defienda y determine un espacio único y específico para que sus profesionales puedan desempeñarse.
A través del siglo XX, los objetivos y contenidos de la carrera se fueron tiñendo de matices filosóficos, históricos y del derecho.
En 1940 se basará en un desarrollo conductista, implicando individualismo metodológico y técnicas cuantitativas; en los 70 se verá influida directamente por la sociología, luego aparece un nuevo institucionalismo por lo tanto se relacionará con la economía institucional. Años más tarde se consolidará en el sector público, en la ciencia de la administración, donde surgirán nuevas corrientes empíricas, de elección racional, normativa, institucional y social. En la actualidad amplía su campo en la teoría de los juegos y del discurso.
El licenciado en Administración Pública y Ciencias Políticas es formado para analizar críticamente e integralmente los fenómenos políticos y administrativos, tomando una posición reflexiva ante dicho fenómeno. Se los prepara para la investigación así como para la transmisión de sus saberes (docencia) en el nivel medio y superior.
La carrera presenta ciertos inconvenientes o debilidades a nivel profesional. A estos inconvenientes se deberá agregar los cambiantes sucesos históricos (Revolución Libertadora, Revolución Argentina, Proceso de Reorganización Nacional, etc.) ya que está íntimamente relacionada con la vida en democracia y sus instituciones.
En año 1983 permitió, con el regreso a las instituciones y el poder de participación, que tanto la profesión como sus profesionales pudieran gozar de espacios más estables para el desarrollo de sus actividades, una mayor capacitación a través de posgrados, maestrías, seminarios y congresos. Junto a estos avances se vio el retorno de muchos profesionales que se encontraban en el exterior y un gran incremento de producción bibliográfica.
Con la apertura democrática se posibilitó una paulatina institucionalización en el plano académico pero menor profesionalización en los ámbitos de la sociedad, debido a la falta de una legislación que resguarde la profesión.
El lugar para el desarrollo de la profesión estaría en el ámbito estatal, es decir en la administración pública, pero en el caso provincial y municipal no hay una reglamentación específica que nos permita un trabajo estable y permanente.
Hoy contamos con una democracia muy joven, donde no hemos tomado conciencia de lo pasado históricamente. Cuando la sociedad adquiera una madurez más profunda van a exigir a los partidos políticos y a sus propuesta políticas (plataforma) un equipo de profesionales que les de una visión enriquecedora del lugar que ocupa la política en la sociedad. Esta situación daría o nos aseguraría un lugar a los egresados de la carrera.
Con respecto a la Ciencias Política y el profesorado, nos permite aprender nuevas herramientas pedagógicas y didácticas para insertarnos en nivel medio y superior. El profesorado es otra alternativa de trabajo en el ámbito de la educación.
Como conclusión es una carrera con amplios conocimientos, pero no nos hace especialista de un campo limitado en especial, para el desarrollo profesional, acompañado de esto se debe incluir la ausencia de un consejo profesional que avale nuestro accionar y defina nuestro campo de acción.
Lectura: Pájaro sin alas
Por Jorge Daniel Paredes el 10/09/2010, en Taller de Integración.
Luego de leer el relato de Patricia Jaimes podemos interpretar o entender con precisión tanto el contexto en el cual se desarrollan los hechos, al igual la situación material, social y emocional de la autora.
La autora deja plasmado a través de su descripción el sitio donde nació, lugar limítrofe llamado “La Esperanza Misión La Paz”, de una gran diversidad cultural y de recursos económicos escasos.
Pone de manifiesto y resalta en su relato el amor por el estudio y por su escuelita rancho. Escuelita que en todos los aspectos estaba acondicionada con menos de lo justo y necesario, pero que era un punto central de su vida y de los demás niños ya que no tan solo en ella se estudiaba, sino que, se compartían momentos de juego, de esparcimiento que en la casa no se podían tener debido a los trabajos que se realizaban.
Mencionaba la tristeza que sintió al terminar su escuela primaria y su frustración al no poder seguir estudiando por falta de una escuela secundaria en el lugar. Pero así todo se capacitó, con la ayuda de los matacos, en artes y trabajos manuales.
Hoy Patricia Jaimes recuerda todas y cada una de sus vivencias pasadas, resaltado el rol de la escuela, ya que la ayudo a formarse como persona. Valorando lo poco que le toco y cumpliendo con su sueño frustrado que fue el de seguir estudiando.
Hoy la escuela no es sólo el lugar donde se reproduce la cultura, sino que es un espacio donde se puede anticipar un futuro diferente. En ella se aprende a apreciar la diversidad cultural aunque en su entorno haya gran discriminación y desigualdades sociales, se aprende a convivir en forma más equitativa entre niñas y niños aunque se dé en la sociedad una fuerte discriminación de género, se aprende a actuar responsablemente y hacerse cargo del otro, aunque en la sociedad se dé una gran competitividad." La función principal de la escuela es brindar educación, realizando un importantísimo proceso de socialización del niño, contribuyendo a facilitar su inserción en la sociedad, preparándolo para su futura inserción laboral, entre otras cosas. Sin embargo, esta tarea, a menudo, se encuentra condicionada por una serie de factores. Entre ellos se pueden citar: económico, social, la tecnología, la familia, la diversidad, el alumno en sí mismo, el docente.
Efectivamente, la escuela representa un recurso social formidable, más aún en situaciones críticas donde todas las estructuras de convivencia parecen derrumbarse. Este ámbito de interacción humana, sostenido en una tradición que ha dado lo mejor de sí para muchas generaciones, es aún capaz de resguardar los valores que rescatan la conciencia ética, la cultura del trabajo y del esfuerzo, el sentido de la responsabilidad y, sobre todo, el significado de la solidaridad en la consolidación de la trama social.
Para el docente que debe enseñar en un clima tan adverso es enorme la responsabilidad que tiene sobre sus hombros, que asuman que ellos siguen siendo actores principales del cambio educativo, que no hay lugar para el desánimo aún en medio de la profunda tensión social, porque si la escuela deja de ser un lugar para soñar un futuro diferente, les estamos quitando a millones de nuestros alumnos quizás lo más preciado que tienen: la esperanza. La escuela pública es hoy, más que nunca, el elemento de contención de las urgencias materiales y humanas de niños y adolescentes.
Una de las principales variables que inciden en el rendimiento escolar es la creación de un clima favorable al aprendizaje en la escuela y en la sala de clases, y los maestros, aunque las condiciones externas sean adversas, tienen la mayor responsabilidad en crear este clima positivo que ayude al aprendizaje.
Esto es una responsabilidad que no se puede delegar. Hoy su esfuerzo debe ser aún mayor pues debe infundirse de mayores dosis de serenidad, comprensión y tolerancia frente a la realidad que debe enfrentar día a día, sin renunciar a la normal cuota de amor, siempre necesaria en la tarea educativa.
Quizás esta sea la prioridad en momentos tan acuciantes, el desafío que le impone la realidad. Pero también constituye una gran oportunidad para consolidar las bases sobre las cuales se forja un nuevo país.
Frente a una realidad donde fue ganando terreno la transgresión, la irresponsabilidad y la mediocridad, en los más diversos ámbitos de la esfera social, no deja de ser auspiciosa la oportunidad de revalidar la educación pública que integra en el proceso de aprendizaje a la transformación moral del individuo, aquella que sin dogmas y con el ejemplo, crea hábitos y modifica conductas en beneficio propio y de la sociedad.
La escuela no es solamente un edificio sino fundamentalmente personas. Es un ámbito de interacción donde lo humano trasciende en el proceso de dar y recibir, enseñar y aprender, hablar y escuchar. Una función sin embargo será siempre conservada por el maestro. Crear el clima emocional del aprendizaje. Ninguna máquina por sofisticada que sea puede hacer ese trabajo. El maestro seguirá siendo la esencia del proceso educativo y la escuela como institución, la herramienta de transformación que desde las bases mantiene viva la llama de la esperanza, generando el campo propicio para la expresión del conocimiento y el sentimiento del espíritu en un ámbito de convivencia, preparatorio para el desafío de la vida.